
Telegram celebra este viernes su 13 aniversario en un momento agridulce. Por un lado, la plataforma de mensajería fundada por los hermanos Pável y Nikolái Dúrov ha alcanzado cifras de crecimiento históricas, superando los 1.000 millones de usuarios activos mensuales. Por otro, su fundador se encuentra en el ojo del huracán judicial, con causas abiertas en Francia y una reciente orden de búsqueda internacional emitida por las autoridades rusas.
La aplicación, lanzada el 14 de agosto de 2013 para iOS, ha pasado de ser una alternativa a WhatsApp a convertirse en un fenómeno global. En marzo de 2025 superó la barrera de los mil millones de usuarios, y según su propio creador, ha permanecido durante los últimos siete años y medio entre las diez aplicaciones móviles más descargadas del planeta. Un crecimiento que contrasta con la tormenta legal que rodea a su máximo responsable.
Un crecimiento imparable desde sus inicios
La evolución de Telegram es sencillamente espectacular. De los 35 millones de usuarios que tenía en 2014, pasó a 100 millones en 2016, luego a 400 millones en 2020 y a 700 millones en 2022, hasta alcanzar el billón el año pasado. Este ritmo de adopción no tiene precedentes en el sector de la mensajería instantánea, y ha convertido a la plataforma en un ecosistema mucho más amplio que un simple servicio de chat.
Para celebrar el aniversario, Dúrov anunció un sorteo de obsequios de edición limitada en formato NFT, con artículos como ‘Durov’s Sunglasses’, ‘Resistance Dog’ o ‘Pink Flamingo’. Una iniciativa que refuerza la comunidad de la app y que ha generado una gran expectación entre sus seguidores.
La sombra de la justicia francesa y rusa
El 13º cumpleaños de Telegram llega, sin embargo, con una losa judicial importante. En agosto de 2024, Pável Dúrov fue arrestado en Francia al descender de un avión cerca de París, quedando bajo investigación judicial por presuntos vínculos con el crimen organizado y acusaciones de falta de cooperación con las autoridades. Se le impuso una fianza de cinco millones de euros y la prohibición de abandonar el territorio francés.
A esa situación se sumó, a finales de julio de 2026, una nueva ofensiva desde Moscú. El servicio de seguridad ruso (FSB) abrió una causa contra Dúrov por supuesta ‘complicidad en terrorismo’ y emitió una orden de búsqueda internacional. Al día siguiente, la agencia estatal rusa Rosfinmonitoring lo incluyó en la lista oficial de ‘terroristas y extremistas’, lo que conlleva la congelación de sus activos en ese país.
Dúrov respondió públicamente a esa designación con una postura de rechazo frontal. Según su propia declaración, Rusia lo ha designado terrorista por negarse a aceptar exigencias de vigilancia masiva y censura sobre la plataforma. Las autoridades rusas, por su parte, acusan a Telegram de no eliminar canales y cuentas presuntamente implicados en actividades extremistas, facilitando actos de sabotaje, ataques y ciberdelincuencia.
Moderación de contenidos a gran escala
En este contexto de presión, Telegram ha redoblado sus esfuerzos de moderación. El 10 de agosto, la plataforma bloqueó 101.205 grupos y canales, una cifra que solo se había superado el 5 de agosto, cuando se restringieron 102.278 comunidades. En total, desde principios de agosto, la aplicación ha eliminado 834.113 grupos y canales, de los cuales 4.608 fueron clasificados como relacionados con el terrorismo.
La escala desde principios de año es aún más notable: se han bloqueado 22,59 millones de comunidades, incluidas 158.750 relacionadas con el terrorismo. Telegram explica esta moderación como una combinación de quejas de los usuarios y monitoreo automático. Desde 2024, se han agregado herramientas basadas en inteligencia artificial al sistema, que ayudan a encontrar infracciones incluso antes de que se presenten las quejas.
Esta política de moderación más estricta no ha evitado, sin embargo, que la plataforma siga siendo utilizada para fines ilícitos. Recientemente, una filtración de datos vinculada con organismos de inteligencia peruanos apareció en un grupo abierto de Telegram, exponiendo información sensible de ciudadanos. Un recordatorio de que la batalla por la seguridad y la privacidad en la plataforma está lejos de terminar.
En definitiva, Telegram celebra su 13 aniversario con una base de usuarios envidiable y un crecimiento imparable, pero también con un fundador acosado por la justicia y una plataforma que lucha por equilibrar la libertad de expresión con la necesidad de moderar contenidos. La historia de Telegram es la historia de una apuesta por la comunicación libre y privada que ahora se enfrenta a su mayor desafío: demostrar que puede convivir con la ley sin perder su esencia.
