Ajustes de cámara para mejorar la grabación en movimiento

  • Configura resolución, FPS, obturación y códec para equilibrar calidad, fluidez y tamaño de archivo en escenas con mucho movimiento.
  • Combina buen enfoque (AF continuo o manual), estabilización (OIS, EIS o gimbal) y composición pensada para lograr planos nítidos y estables.
  • Cuida la luz, el ruido de imagen y el sonido con iluminación adecuada, filtros ND y micrófonos externos para mantener un acabado profesional.
  • Aprovecha perfiles LOG, cámara lenta y apps avanzadas de cámara y edición para tener mayor control creativo sobre el color y el ritmo del vídeo.

Ajustes de cámara para mejorar la grabación en movimiento

Lograr que un sujeto en plena acción se vea fluido, definido y con ese toque cinematográfico que tanto engancha no es cuestión de suerte. Detrás de cada plano bien resuelto hay una combinación muy concreta de parámetros; configuraciones avanzadas de cámara como resolución, tasa de fotogramas, obturación, enfoque, estabilización, luz, sonido, códec, e incluso el tipo de zoom que utilizas. Da igual si grabas con una réflex, una sin espejo o un móvil, lo que separa un vídeo “casero” de uno con apariencia profesional es cuánto control tienes sobre esos ajustes.

La parte buena es que hoy, con un smartphone medio decente o una cámara modesta, cualquiera puede grabar escenas en movimiento con una calidad sorprendentemente alta si sabe qué tocar y qué dejar en automático. En esta guía vamos a desgranar todos los parámetros clave (resolución, FPS, perfiles de imagen, enfoque continuo, estabilización, cámara lenta, LOG, apps avanzadas, etc.) para que seas capaz de grabar desde carreras, saltos o deportes hasta secuencias callejeras sin perder nitidez ni estabilidad por el camino.

Ajustes básicos de vídeo: resolución, FPS y códecs

Antes de darle al botón rojo, el primer punto a revisar es la resolución de grabación que tiene configurada tu cámara o tu móvil. Si tu equipo lo soporta, lo más recomendable a día de hoy es grabar en 4K, ya que ofrece muchísimo detalle y te deja margen para reencuadrar y recortar durante la edición sin que la imagen se quede blanda cuando la publiques.

Si tu dispositivo no puede con el 4K de forma estable, la base razonable para cualquier proyecto serio es trabajar al menos en 1080p (Full HD) como resolución mínima. Bajar de ahí solo tiene sentido si vas con el almacenamiento al límite o si el móvil/cámara se atraganta con resoluciones altas; en las pantallas actuales se nota a la legua cuando un vídeo está grabado solo en HD o menos.

La otra pata fundamental es la tasa de fotogramas por segundo. Para conseguir un movimiento con estética de cine se suele usar 24 fps, que es el estándar clásico del mundo cinematográfico. Muchos móviles vienen configurados de fábrica a 30 fps, que también generan un movimiento natural siempre que la velocidad de obturación sea la adecuada y haya cierto desenfoque de movimiento.

Los 60 fps se han puesto de moda porque la mayoría de smartphones los traen activados por defecto, pero tanta suavidad cambia por completo el aspecto del vídeo, acercándolo a retransmisiones deportivas o a la sensación de videojuego. Son muy útiles si luego vas a usar parte del metraje en cámara lenta suave o quieres analizar movimientos rápidos, pero no son la mejor opción para un proyecto entero que busque un acabado cinematográfico.

Cuando subes a 120 o 240 fps ya entras en terreno de cámara superlenta para momentos muy concretos: trucos de skate, gotas de agua explotando, pelotas impactando, saltos espectaculares, etc. En estos modos, el dispositivo suele recortar funciones, bajar la resolución o apretar la compresión, por lo que conviene usarlos solo en planos puntuales que realmente lo merezcan.

En cuanto al formato de compresión, lo habitual en móviles es poder elegir entre H.264 y H.265 (HEVC). El códec H.265 es más eficiente porque mantiene una calidad similar ocupando bastante menos espacio, algo clave si grabas muchos clips o proyectos largos. Eso sí, conviene comprobar primero que tu ordenador y tu software de edición manejan HEVC con soltura, o acabarás teniendo que convertir todo el material a otro formato.

configuracion de camara para grabacion en movimiento

Modo cine, profundidad de campo y perfiles de imagen

En los últimos años muchos móviles han incorporado el famoso modo cine o modo retrato en vídeo que simula el desenfoque de fondo por software, a veces apoyado por sensores como el TOF. El resultado puede quedar vistoso para redes sociales, pero si tu objetivo es acercarte a un look realmente profesional conviene no abusar y ser muy prudente con este efecto.

La cámara identifica al sujeto principal, lo recorta y aplica un bokeh digital al resto de la escena. El problema es que en elementos como el pelo, las manos o bordes finos suele haber fallos: halos extraños, recortes mal definidos o zonas que no se desenfocan donde deberían. Por eso suele ser mejor reducir bastante la intensidad del desenfoque; un fondo ligeramente suave suele parecer más realista que un fondo estilo acuarela.

En iPhone el efecto se controla simulando diferentes aperturas (f/2.8, f/4, f/5.6, etc.). Para que la escena resulte creíble, tiene lógica moverse en valores intermedios equivalentes a algo como f/5.6: sigues separando al sujeto del fondo, pero sin sensación de recorte artificial pegado. En Android normalmente manejas un porcentaje de desenfoque; allí también conviene situarse en valores medios en lugar de ponerlo al máximo.

Si trabajas con cámaras de ópticas intercambiables, el desenfoque pasa a ser puramente óptico. Un objetivo luminoso (f/2, f/1.8, f/1.4…) permite aislar muy bien al protagonista y sobrevivir con poca luz manteniendo velocidades de obturación rápidas, pero reduce mucho la profundidad de campo: cualquier pequeño movimiento hacia delante o hacia atrás puede sacar de foco la zona importante si no estás atento.

Además de la profundidad de campo, otro punto clave es el perfil o estilo de imagen. En muchas réflex y cámaras sin espejo, es buena idea elegir un perfil neutro y lo más plano posible, reduciendo contraste y saturación. Así obtienes un archivo menos procesado que luego podrás tratar en etalonaje con más margen para conseguir un look cinematográfico sin quemar altas luces ni empastar sombras.

Enfoque continuo, enfoque manual y nitidez en movimiento

Cuando el sujeto corre, salta, se acerca a la cámara o entra y sale del encuadre, el enfoque se vuelve uno de los factores más delicados de todo el proceso. Un ligero temblor de cámara puede colar, pero un plano claramente desenfocado suele ir directo a la papelera; si sucede, consulta cómo arreglar fotos borrosas.

En cámaras de fotos tradicionales, los modos AF-C (Nikon) o AI Servo (Canon) son el equivalente al enfoque continuo pensado específicamente para sujetos en movimiento. Mientras mantienes pulsado el botón de enfoque, la cámara reajusta la distancia una y otra vez para seguir al protagonista, aunque no pare quieto dentro del encuadre.

No esperes el clásico pitido de confirmación, porque en enfoque continuo el sistema nunca se queda realmente quieto. En fotografía, combinar este modo con disparos en ráfaga y, si es posible, archivos RAW, multiplica las probabilidades de clavar ese momento perfecto con todo nítido, para después ajustar exposición y color con calma en edición.

En vídeo la lógica es parecida, pero en vez de disparar ráfagas, el juego consiste en dejar que el autofocus continuo haga su trabajo sin volverlo loco. Evita estar tocando la pantalla cada dos segundos, salvo que quieras provocar un cambio de foco intencionado entre dos elementos. En móviles de gama media y alta el AF suele ser bastante fiable con buena luz, aunque conviene vigilar que no esté “respirando” todo el rato (ese pequeño ir y venir de foco sin motivo).

En muchas DSLR y cámaras sin espejo, sobre todo con diafragmas muy abiertos, es frecuente que sea mejor pasarse al enfoque manual. Dominar el enfoque manual es casi obligatorio cuando grabas sujetos en movimiento con profundidad de campo muy reducida. Pasar el foco de un punto A a un punto B de forma suave, precisa y sin tirones requiere práctica, pero te da un control creativo que el enfoque automático no siempre puede ofrecer.

Velocidad de obturación y aspecto del movimiento

La velocidad de obturación manda directamente sobre cómo queda registrado el movimiento dentro de cada fotograma, y eso afecta a la sensación de fluidez que percibimos en el vídeo. Obturaciones muy rápidas congelan la acción, mientras que las más lentas introducen estelas y desenfoque de movimiento más visibles.

Para ese look cinematográfico tan reconocible se suele aplicar la conocida regla del obturador a 180 grados: usar una velocidad aproximadamente el doble de la tasa de fotogramas. Es decir, a 24 fps se usa 1/48-1/50 s; a 25 fps, 1/50; a 30 fps, 1/60; a 50 fps, 1/100 y a 60 fps, 1/120. Con estos valores se consigue un desenfoque de movimiento natural y agradable para el ojo.

En muchas cámaras de fotos el valor exacto de 1/48 no existe, de modo que 1/50 se usa como sustituto práctico cuando grabas a 24 fps. Esa pequeña diferencia no es un problema; lo importante es mantenerse cerca de la regla para evitar un movimiento demasiado rígido o excesivamente borroso.

El gran “pero” de seguir siempre esta regla es que, una vez fijada la velocidad de obturación, para exponer bien solo te quedan la apertura, el ISO y los filtros ND. En exteriores luminosos, mantener 1/50 a f/2 sin filtros de densidad neutra suele ser directamente imposible sin quemar media imagen, de ahí que los ND sean casi imprescindibles si quieres rodar con diafragmas abiertos y estética de cine a pleno sol.

Si lo que buscas es congelar movimientos extremos (deporte, fauna, gotas de agua explotando…), tendrás que saltarte la regla y subir la velocidad de obturación a valores como 1/1000 s o superiores. Eso implica compensar con mucha luz y aperturas amplias. En móviles el margen es más limitado y muchas veces significa subir bastante el ISO con el consiguiente aumento de ruido.

Estabilización: OIS, EIS, gimbals y soportes

Un plano puede estar bien expuesto y perfectamente enfocado, pero si la cámara se mueve en exceso la sensación de vídeo aficionado aparece en un segundo. La estabilización es vital para tomas en movimiento: caminatas, seguimientos, escaleras, giros rápidos, etc.

En smartphones actuales suele combinarse la estabilización óptica (OIS) con la electrónica (EIS). La OIS mueve pequeños elementos físicos en el objetivo o en el sensor para compensar vibraciones pequeñas en tiempo real, mientras que la EIS analiza la imagen y recorta ligeramente para corregir sacudidas a base de software.

Antes de confiarte, lo suyo es hacer una prueba sencilla: graba caminando a paso normal y revisa si la imagen tiembla más de la cuenta. Si notas demasiada trepidación, quizás te interese activar los modos de “estabilización avanzada”, “super steady” o similares que ofrecen muchos móviles, sabiendo que suelen recortar más la imagen y, a veces, bajan la resolución máxima.

Estos modos agresivos suelen limitarte a 1080p o incluso menos y amplían bastante el recorte para tener margen de corrección. Muchas veces tendrás que elegir entre más suavidad o máxima resolución: para escenas muy dinámicas (por ejemplo, corriendo detrás de alguien) suele compensar sacrificar algo de calidad para ganar estabilidad, mientras que en planos más tranquilos quizá te interese mantener el 4K y una estabilización menos intrusiva.

Con cámaras de fotos o de cine, trípodes, monopies o simples empuñaduras ayudan mucho a reducir movimientos indeseados. Si quieres ir un paso más allá, un gimbal o estabilizador motorizado te permite caminar, girar e incluso correr con una suavidad que recuerda a un travelling profesional, especialmente si lo combinas con estabilización moderada en la propia cámara.

Composición y tipo de plano en escenas de acción

La técnica pura está muy bien, pero la forma de encuadrar es lo que transforma una toma correcta en una toma potente. Aunque estés pendiente del enfoque y la estabilidad, no descuides dónde colocas al protagonista ni qué ocurre en el resto del encuadre.

Activar la cuadrícula en la cámara te ayuda a aplicar la famosa regla de los tercios. Al dividir la imagen en tres franjas horizontales y verticales, aparecen cuatro puntos de atención naturales donde colocar al sujeto suele resultar más interesante que dejarlo siempre clavado en el centro. Esto genera composiciones más dinámicas y agradables a la vista.

En escenas con movimiento entra en juego la regla del movimiento o de la mirada. Si una persona, un animal o un vehículo se desplazan hacia la derecha, es buena idea dejar más espacio libre delante de su recorrido que detrás, para que el espectador sienta que “tiene sitio” para avanzar dentro del plano.

También conviene anticipar los momentos clave: preparar el encuadre antes de que el sujeto llegue al punto importante te ayuda a capturar el instante justo sin estar corrigiendo el cuadro a lo loco en el último segundo. El salto a una piscina, el estallido de un globo o el instante en que la pelota entra en la portería son ejemplos de acciones que merece la pena prever.

Para que el vídeo no sea un tostón, combina diferentes tipos de plano: planos generales para situar la escena, planos medios para seguir al sujeto y primeros planos o planos detalle para remarcar gestos y objetos clave. Jugar con estas escalas da ritmo y mantiene la atención del espectador, y en edición aún puedes reforzar ese ritmo añadiendo cortes, transiciones y cambios de encuadre inteligentes.

Iluminación y control del ruido de imagen

Ajustes de cámara que mejoran la grabación en movimiento

Por muy tope de gama que sea tu móvil o tu cámara, la calidad de vídeo se desploma en cuanto la luz empieza a escasear, especialmente en sensores pequeños. Para “ver más” en la oscuridad no queda otra que subir el ISO, y eso trae ruido, pérdida de detalle y colores más sucios.

Siempre que puedas, organiza tus grabaciones para trabajar con buena luz ambiente. Rodar a plena luz del día o en interiores bien iluminados marca una diferencia enorme: mejor color, menos ruido, autofocus más estable y códecs que no tienen que destrozar tanto la imagen para mantener el tamaño de archivo controlado.

Si te toca grabar en interiores o por la noche, considera añadir alguna fuente de luz extra. Hoy hay paneles LED pequeños, antorchas compactas y luces específicas para móvil que pueden mejorar un plano de forma espectacular con un esfuerzo mínimo. Lo más importante es que el sujeto principal no se pierda en la penumbra y quede bien separado del fondo.

Con dos o tres puntos de luz sencillos se pueden montar configuraciones muy resultonas: una luz principal lateral para dar volumen, otra más suave de relleno en el lado opuesto, y alguna luz en el fondo para que no se vea plano. No hace falta montar un estudio completo, pero sí pensar un poco más allá de la bombilla del techo o la lámpara del salón.

Cuando no puedas sumar luz artificial, busca zonas con iluminación lo más uniforme posible, por ejemplo cerca de una ventana amplia durante el día para aprovechar la luz natural. Evitar contrastes extremos reduce la necesidad de disparar el ISO en las sombras y ayuda a que el material aguante mejor la compresión y el retoque posterior.

Uso del zoom: óptico, digital, 4K y recorte en edición

El zoom es una herramienta potentísima para cambiar la sensación de proximidad y el protagonismo de los elementos, pero en vídeo móvil suele ser una de las funciones peor aprovechadas por culpa del zoom digital. Este se limita a recortar la imagen del sensor, lo que aumenta el ruido y reduce la nitidez de forma muy evidente.

Si tu móvil tiene cámaras teleobjetivo dedicadas (x2, x3, x5…), lo ideal es aprovechar esas lentes físicas para conseguir planos cerrados sin perder calidad. Funcionan especialmente bien para primeros planos desde cierta distancia, detalles en deporte o situaciones donde no puedes acercarte físicamente al sujeto.

Cuando solo dispones de una cámara principal sin tele óptico, lo más sensato es grabar en 4K sin usar zoom digital y hacer el recorte después en la edición. De esta forma, eres tú quien controla el encuadre final sin que la cámara haya destrozado la imagen durante la grabación.

Un truco muy usado en redes consiste en grabar un plano general en 4K y, en posproducción, crear varios encuadres más cerrados a partir de esa misma toma. Así puedes simular cambios de plano y cortes dinámicos usando un solo clip original, lo que da ritmo al vídeo sin necesidad de repetir la escena varias veces.

Formatos avanzados: vídeo en LOG y tratamiento de color

En muchos móviles de gama alta y cámaras avanzadas ya se puede grabar en LOG, un tipo de perfil que registra la señal con muy poco contraste y saturación. A primera vista la imagen sale lavada y pobre, pero encierra mucha más información en altas luces y sombras que un perfil estándar.

Trabajar en LOG se parece a disparar fotos en RAW: obtienes archivos menos procesados y con mayor margen de maniobra en el etalonaje. Es especialmente útil si quieres un estilo de color muy concreto, si estás grabando escenas con alto rango dinámico (cielos brillantes y sombras profundas) o si vas a mezclar planos de distintas cámaras.

En el ecosistema de Apple, por ejemplo, la grabación en LOG suele ir ligada al códec ProRes, que genera archivos muy pesados pero con una compresión mucho menos agresiva que los formatos más ligeros. Es una auténtica delicia en cuanto a calidad, pero exige tarjetas rápidas, mucha memoria y un ordenador con potencia para editar con fluidez.

Si no tienes demasiada experiencia en corrección de color, siempre puedes recurrir a LUTs de conversión (por ejemplo, de LOG a Rec.709) o a filtros pensados para este tipo de perfiles. Partir de una imagen plana te permite construir tú mismo el contraste y la saturación exactos, en lugar de pelear con un material que ya venía pasado de vueltas en cámara.

Aun así, grabar en LOG no es imprescindible en todos los proyectos. Si vas justo de almacenamiento, de tiempo o de recursos de edición, probablemente te interese más un perfil estándar o neutro bien expuesto y centrar tus esfuerzos en cuidar la luz, el encuadre y la estabilidad. Muchas producciones para redes, con buena iluminación y un perfil neutro, ya tienen un aspecto muy profesional.

Grabación al aire libre: planificación, luz natural y sonido

Grabar en exteriores es una maravilla por la luz natural y las localizaciones, pero también implica pelear con un montón de imprevistos: viento, tráfico, ruidos de obras, cambios de luz repentinos… todo eso conviene preverlo antes de llegar al sitio.

Un primer paso es elegir bien el equipo: cámara, objetivos, micrófonos y soportes acordes al tipo de planos que quieres hacer y al lugar donde vas a grabar. Es importante pensar de antemano en la iluminación natural disponible y en el ruido ambiente para no cargar con medio estudio sin necesidad ni quedarte corto de herramientas; también es útil saber cómo afrontar los fallos más comunes de la cámara.

También ayuda muchísimo investigar la localización con tiempo: visitar el lugar, ver desde dónde entra el sol a distintas horas, identificar posibles fuentes de ruido… Conocer la zona te permite escoger la mejor franja horaria para rodar y evitar sorpresas como una obra ruidosa justo detrás o una carretera más transitada de lo que pensabas.

A nivel narrativo, conviene llevar al menos una pequeña escaleta o guion. Tener clara la estructura del vídeo hace que la grabación sea mucho más ágil y que la edición posterior no sea un caos con decenas de clips parecidos y sin orden.

En cuanto a la luz, la archiconocida “hora dorada” (justo después del amanecer y antes del atardecer) es una aliada brutal. Esa luz suave y cálida reduce sombras duras y mejora muchísimo los tonos de piel y los paisajes. Si no puedes grabar a esa hora, tendrás que lidiar con una luz más dura y quizá usar sombras, difusores o reflectores para suavizarla.

Los reflectores resultan tremendamente útiles para redirigir la luz del sol hacia el sujeto y suavizar sombras duras en la cara. Son baratos, plegables y se montan en segundos, y con uno solo ya puedes darle un toque mucho más profesional a cualquier plano sin necesidad de luz artificial.

En exteriores, el sonido suele ser más crítico que la propia imagen. El viento y el ruido urbano pueden destrozar una toma en nada. Por eso conviene usar micrófonos direccionales o de solapa con buenos paravientos. Un “deadcat” o una esponja antiviento bien colocados reducen muchísimo los soplidos molestos.

Otra buena práctica es buscar rincones con menos ruido de fondo o colocarte de espaldas a la fuente principal de ruido si es posible. Hacer una prueba rápida de audio antes de la grabación definitiva te ahorra el disgusto de llegar a casa y descubrir que todo el diálogo está tapado por el tráfico o por una taladradora cercana.

Configuración de cámara, estabilizadores, filtros ND y cámara lenta

Al rodar en exteriores la luz cambia continuamente, así que controlar la exposición y el balance de blancos sobre la marcha es fundamental. Dejarlo todo en automático puede provocar que cada plano tenga un tono o una luminosidad distinta, rompiendo la continuidad del vídeo.

Lo ideal es fijar un balance de blancos coherente con la situación (día soleado, sombra, nublado, etc.) y bloquearlo para que no varíe solo. Una exposición manual o semiautomática bien vigilada evita subidas y bajadas bruscas cuando pasas de zonas soleadas a zonas en sombra, algo muy evidente cuando vas en movimiento.

En cuanto a estabilidad, los gimbals, monopies o incluso estabilizadores de hombro facilitan mucho la vida cuando grabas caminando o en terrenos irregulares. La elección del tipo de estabilizador depende de tu equipo y del estilo de plano que quieras conseguir, pero incluso un soporte básico ya marca la diferencia frente a ir a pulso.

No te olvides de los filtros: los filtros de densidad neutra (ND) permiten mantener diafragmas abiertos y velocidades de obturación “cinematográficas” incluso con sol fuerte, reduciendo la cantidad de luz que entra sin alterar el color de forma notable. Los polarizadores, por su parte, ayudan a controlar reflejos y a mejorar el contraste del cielo.

Si quieres exprimir al máximo las escenas de acción, la cámara lenta es tu amiga. En muchos móviles puedes elegir modos de cámara lenta como 4x u 8x, e incluso cámara superlenta de 32x. Esta última es ideal para movimientos ultrarrápidos como salpicaduras de agua, burbujas explotando o impactos muy intensos, aunque suele implicar resolución más baja y funciones recortadas.

Una vez tengas tus clips en cámara lenta, en la app de galería o edición puedes ajustar qué fragmento exacto irá a velocidad reducida y cuál se mantendrá a velocidad normal, además de retocar brillo o volumen de la música de fondo. Jugar con estos cambios de ritmo, combinados con buena estabilización y obturación adecuada, da mucho juego en escenas con movimiento.

Apps recomendadas y flujo de edición para vídeos en movimiento

Más allá de la app de cámara nativa, hoy en día hay aplicaciones que llevan la grabación y la edición en el móvil a un nivel muy serio. Si quieres tener un control casi “de cine” sobre tu smartphone, merece la pena conocerlas.

Para editar, una de las opciones más completas y accesibles es CapCut. Es gratuita (con funciones de pago opcionales) y permite desde montajes sencillos hasta ediciones bastante avanzadas. Incluye títulos, transiciones, filtros, herramientas de audio, efectos visuales (VFX) y sonoros (SFX), y una interfaz que recuerda a programas profesionales como Final Cut.

Durante la edición es buena idea respetar los mismos ajustes con los que grabaste: si grabaste en 1080p, exporta en 1080p; si grabaste a 24 o 30 fps, exporta a esa cadencia. No tiene sentido grabar a 60 fps sin aprovechar la cámara lenta y luego exportar a 30 fps, o escalar un 1080p a 4K sin motivo. Para redes sociales suele bastar con dejar el bitrate recomendado o medio, ya que uno excesivo hará que la plataforma comprima todavía más.

Si quieres exprimir al máximo los controles de cámara, Blackmagic Camera es una app que transforma literalmente tu móvil en una herramienta de rodaje avanzada. Permite usar controles manuales, aplicar LUTs, forzar la lente que quieres utilizar, ajustar códecs, resolución, FPS, y, en general, tener un control muy fino del metraje desde la captura.

Todo este trabajo se remata en la posproducción: corrección de color para igualar planos grabados a distintas horas, limpieza de audio para reducir ruido de fondo, normalización de volúmenes y, si encaja, añadir música y efectos de sonido que potencien el ritmo de la edición. Un montaje cuidado puede elevar muchísimo el nivel de unas tomas que, sobre el papel, eran sencillas.

Dominar los ajustes de cámara que mejoran la grabación en movimiento consiste en entender qué hace cada parámetro, practicar con ellos y saber combinarlos con criterio: probar distintas resoluciones y FPS, experimentar con enfoque continuo y manual, ver hasta dónde llega la estabilización de tu equipo, aprender a controlar la luz y el sonido y apoyarte en buenas apps de cámara y edición. Cuando todo esto empieza a encajar, tus vídeos dejan de parecer improvisados y empiezan a verse sólidos, limpios y con personalidad, aunque estés grabando “solo” con un móvil.

cómo usar el modo profesional en la cámara del móvil
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